CÓRDOBA

CÓRDOBA

(LA BELLEZA DE LO AUTÉNTICO)

             Érase una vez una colonoscopia que me hizo visitar Córdoba. Suena casi fatal, lo sé, pero fue la excusa perfecta para visitar la ciudad. Había estado un millón de veces, pero nunca había pasado de las salas de hospital. Ya era hora de tomarme la revancha y disfrutar de esta joya andaluza.

Es una ciudad obligatoria para todo amante de la belleza, de lo auténtico. Córdoba es color, con sus patios y sus flores; cultura y tradición; gastronomía con sabor andaluz. Córdoba se siente, se huele, se come. Córdoba se VIVE.

Disfrutamos de la ciudad dos días completos, pero nos faltó mucho tiempo para poder exprimirla 100%. Volveré sin duda, me han quedado muchos imprescindibles en el tintero. Pero mientras vuelvo y no, os cuento lo vivido. Es hora de darse un paseíto por esta bonita ciudad, ¿os animáis?

IMPRESCINDIBLES PARA VISITAR

Aunque son muchos los lugares que os voy a citar, puedes detenerte más o menos, en función de gustos y preferencias. Nosotros en algunos de ellos gastamos más tiempo y otros simplemente pasamos de largo, sin profundizar mucho.

Os recomiendo callejear, disfrutar de los miles de plazas y plazoletas que tiene esta ciudad; perdeos por la judería y detener el paso cuando os encontréis delante de una joya única como es la Mezquita-Catedral. Puede ser que no tengas tiempo de verlo todo al mínimo detalle, no pasa nada, la ciudad no se va a mover del lugar en el que se encuentra y siempre se puede volver. Saborea cada paso y cada rincón, de este modo seguro que encuentras la magia que encierra la vieja ciudad

 RUTA DÍA 1

El primer día empezamos por la plaza en la que se encuentra la Iglesia de San Juan y todos los santos, así como la casa donde murió el famoso escritor Luis de Góngora.

Continuamos por el barrio judío hasta llegar a la Sinagoga, entrada libre. Justo enfrente tenemos un moderno zoco judío, rehabilitado durante el mandato de Antonio Cruz-Conde.

MAIMÓNIDES

Siguiendo la calle hacia abajo encontraréis la Estatua de Maimónides, para más información sobre este gran filósofo, rabino, juez, médico y un largo etcétera, pinchar aquí. La leyenda dice que hay que tocar sus babuchas para impregnarse de su inteligencia. No sabemos si será o no verdad, pero poco nos costó hacerlo, esperaremos ver el resultado.

 

En uno de los laterales de la facultad de Filosofía y Letras, encontraréis la capilla mudéjar de San Bartolomé, se paga entrada. Es muy pequeñita pero muy bonita. También si está abierta podréis entrar en la facultad y ver su patio, es bien bonito. Y justo frente a la puerta de la facultad está la estatua de Gafeki, el inventor de las gafas.

La casa de las Pavas, fue el lugar de nacimiento de Góngora. Una casa palaciega que ocupa prácticamente una manzana y que hoy es un hotel de 5 estrellas.

Un imprescindible es el Alcázar de los Reyes Cristianos, una edificación militar que es Bien de interés cultural. La sala de reuniones con sus mosaicos y el pequeño museo que albergan sus pasillos, las vistas desde las torres de vigilancia y los maravillosos jardines, componen este bonito lugar.

 

 

 

 

Otra gran obra de la arquitectura que nos ofrece esta ciudad es su gigantesco Puente Romano, a mitad del mismo podemos observar la estatua de San Rafael (el santo sexy) y los molinos que se encuentran a lo largo del cauce del río. Cuentan las malas lenguas que la reina Isabel, ella muy delicada, cuando llegó a la ciudad ordenó pararlos porque el ruido que hacían no la dejaban descansar y desde entonces hasta el día de hoy dejaron de funcionar.

Si seguimos paseando río arriba y nos volvemos a introducir en la ciudad vieja nos encontramos la plaza del Potro, el museo de Julio Romero de Torres y posada del Potro.

La plaza de la Corredera se asemeja a la plaza Mayor de Madrid, salvando las distancias. Un buen lugar donde pararse a tomar algo en sus numerosas terrazas.

Un poquito más arriba de esta plaza encontramos las

COLUMNAS ROMANAS
COLUMNAS ROMANAS

Columnas Romanas y a pocos metros la plaza de las Tendillas. Esta ciudad está llena de misterios y leyendas, esta plaza no podía ser menos y también tiene la suya, dicen que está creada sobre un lago subterráneo y otro detalle curioso es la Estatua del Gran Capitán. Este porta la cabeza del Romerijo, pues según cuentan los sabios del lugar, se les terminó el dinero para hacer la cabeza del capitán y en su lugar le colocaron la cabeza

EL GRAN CAPITAN

de este torero cordobés.

Iglesia de San Zolio, es otro lugar curioso, solo lo abren un día al año y os invito a que leáis la curiosa historia de este santo, pinchando aquí.

Al final de la calle del Zolio se encuentra el Palacio de Bailio, hoy un hotel de 5*. Nosotras entramos para visitar su patio y tuvimos la suerte de encontrar a un botones que nos dejó pasar y visitar el comedor y sus patios. Es sencillamente impresionante, hay que visitarlo.

Si continuamos caminando encontramos la plaza con el

CRISTO DE LOS FAROLES

Cristo de los faroles y dos de los miles de iglesias que pueblan la ciudad.

 

 

 

No puedo acabar el tour sin citar los baños árabes, bueno uno de los dos que hay. Visitamos los que están rehabilitados y en funcionamiento, Hammam Al Ándalus. Nos dimos un momento relax por todo lo alto y es que este lugar hay que visitarlo y disfrutarlo. El edificio es precioso, han conservado la arquitectura y el ambiente de la época. Si se sale de tu presupuesto el acompañar el baño con un masaje o un tratamiento de hamman, puedes darte el homenaje de pasar un rato en sus instalaciones. De verdad, merece la pena.

                RUTA DÍA 2

La primera parada fue la MEZQUITA-CATEDRAL, en mayúsculas sí, y muy grandes, tanto como el lugar merece. Me quedé con la boca abierta nada más entrar y no fui capaz de cerrarla hasta varias horas después de salir, es impresionante, imprescindible, parada obligatoria en el camino viajero; un lugar único y mágico, con arcos y columnas que gritan historia y batallas. Sin duda alguna y a mi entender, uno de los monumentos, junto a la famosa Alhambra de Granada, más bonito y especial de nuestro país. Os dejo un enlace con toda la información sobre horarios y tarifas, aquí.

 

Justo al salir de la Mezquita-Catedral, en una pequeña calle algo escondida, encontramos la famosa calle del pañuelo. La llaman así porque es tan pequeñita que con un pañuelo extendido tocas de lado a lado de la pared.

 

 

Después de este derroche de belleza con la que empezaba la mañana, visitamos el Palacio de Viana, otro de los imprescindibles de la ciudad. Es un palacio sobrio en cuanto a decoración y estancias, dependiendo con lo que comparemos, pero lo que sin duda alguna hay que destacar de este sito son sus patios. Cada uno distinto, con su propia vegetación y decoración, cada uno más bonito que el anterior, cada uno con su olor y su color.

Y hasta aquí, dio el día cultural. Pendiente nos quedaron muchas cosas, entre ellas museos y sobre todo y la que me hará volver bien pronto, Medina Azahara.

 

ALOJAMIENTO

Hotel Selú Sercotel, este fue el alojamiento elegido para nuestra estancia. 100 % recomendable. Ubicación ideal, instalaciones limpias y confortables. Opción de parking previo pago. Nosotros no elegimos la opción de desayuno, en mi opinión no merece la pena, al lado tenéis un lugar genial para desayunar, un poquito más abajo os cuento.

HORA DE COMER

Un restaurante típico y tradicional. Cocina local de alta calidad. 100 % recomendable.

Torrija
Rabo de toro
Salmonete
Salmorejo cordobés
Jamón ibérico
Montilla Morales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Restaurante sefardí. Tanto el local como la comida exquisita. Un gran descubrimiento. Otro súper recomendable.

Y este lugar es el del que os hablaba cuando os decía que no cogimos desayuno porque no merecía la pena, teníamos esta joya al lado. Hay varias por la ciudad, todo está buenísimo; las tostadas son impresionantes. Tienes que probar la mantequilla casera de Roldán.


Dejando a un lado los lugares y pasando a la acción si hablamos de gastronomía, aquí os cito alguno de los platos imprescindibles de la cocina local cordobesa que sí o también tenéis que degustar: rabo de toro, salmorejo, mazamorra, jamón ibérico, flamenquín, berenjena con mil de caña, las regañás, el pastel cordobés y por supuesto, rebajarlo todo con un buen Montilla-Moriles.

 

 

Ni que decir tiene que he muerto de amor por esta ciudad, por sus callejuelas y plazas. He muerto y resucitado a cada bocado con su increíble gastronomía. Y caí rendida a los pies de su Mezquita-Catedral, embrujada y seducida. Córdoba eres especial, eres única.

 

 

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