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Hace poco tiempo, un grupo de valientes aventureros emprendió un viaje a través de Marruecos, una tierra llena de magia, colores y maravillas por descubrir. Esta expedición comenzó en Marrakech, la ciudad que cautiva con su energía vibrante y su encanto medieval.

La jornada inaugural trajo consigo la emoción de lo desconocido. Llegaron a Riad Dar Nakhla, un refugio lleno de historia y hospitalidad, donde las risas y el aroma del desayuno casero dieron inicio a la travesía. Marrakech los esperaba con sus laberínticas calles, su Plaza Jemaa el-Fna y su mezcla de aromas y sonidos que parecían de otro mundo.

El viaje continuó hacia las montañas del Alto Atlas, desvelando la grandiosidad de Tizi n’Tichka, una ruta adornada por majestuosas montañas y valles que parecían extraídos de los cuentos más épicos. La historia cobraba vida en Aït Ben Haddou, una maravillosa Kasbah donde el cine ha dejado su huella en producciones cinematográficas legendarias.

Ouarzazate, la ciudad del cine, desplegó su manto de misterio y encanto, llevando al grupo por una ruta que brillaba con la esencia bereber, revelando la belleza de las Kasbahs y el valle de las Rosas, impregnado del aroma embriagador de las flores.

El punto culminante llegó en Merzouga, las dunas doradas de Erg Chebbi, donde los camellos se convirtieron en fieles compañeros para una travesía hacia un campamento de haimas bajo el inmenso manto estrellado. La música de los tambores, el atardecer y la paz del desierto quedaron grabados en sus almas para siempre.

El viaje siguió sumando momentos inolvidables: encuentros con nómadas, la mágica música Gnawa en Khamlia y un paseo por los pueblos auténticos que revelaban historias milenarias.

El regreso a Marrakech no fue el fin, sino una nueva oportunidad para explorar la ciudad con sus colores y sabores, para perderse en sus callejones y disfrutar del bullicio de la Plaza Jemaa el-Fna, que parecía un cuadro viviente lleno de personajes y emociones.

La expedición fue más que un viaje; fue una experiencia compartida que unió a un grupo diverso bajo el encanto marroquí. Los guías, Hassan e Idier, guiaron con paciencia y gracia, llevando al equipo por paisajes que despertaron los sentidos y por senderos que los conectaron con las raíces de Marruecos.

Y así, entre risas, nuevas amistades y una nostalgia dulce, este viaje se convirtió en un capítulo eterno en la memoria de estos aventureros. La promesa de regresar resonó en cada despedida, llevándose consigo la certeza de haber vivido una historia que siempre recordarán.

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